Cuando la ira mata más rápido que una bomba nuclear

En el mundo nunca se conoció con exactitud qué produjo la muerte de Kim Jong Il, el padre del actual líder de Norcorea. En los medios se dijo que un paro cardíaco acabó con su vida mientras viajaba en tren aquel 17 de diciembre del 2011. Sin embargo, trascendió que el líder norcoreano regresaba iracundo de la localidad de Huichon a donde había viajado para comprobar los avances en la construcción de una planta de energía eléctrica y ésta había presentado una serie de fallas que disgustaron mucho a Jong Il. La noticia de su muerte se hizo pública dos días después, debido a que se debió esperar que concluyeran las intrigantes maniobras políticas en Pyongyang. Fue la presentadora de la televisión nacional coreana la que comunicó llorando del fallecimiento de su líder. Inmediatamente los norcoreanos dieron cuenta de su dolor por la perdida. Se supo asimismo que quienes no expresaron su congoja fueron apresados y recibieron castigo. Un alto profesor de economía fue arrestado por no tener lágrimas en los ojos y por haber permanecido arreglando su bicicleta mientras los demás sufrían por el deceso. El profesor debió ser también destituido de su cargo. Se anunció de inmediato a lo que se llamó ´el gran sucesor´. Kim Jong Un de 29 años, un joven caprichoso y agresivo tomó las riendas del gobierno y dio de inmediato muestras de su liderazgo y de su paranoia. Para afianzarse en el poder acabó con la vida de su propio tío y mentor. Hoy está corriendo desesperado para alcanzar una producción devastadora de armas nucleares que le permitan saciarse de poder hasta su muerte. 

Compartir en Facebook

Compartir en Twitter

Compartir por Mail