Los muros opresores se derriban, aunque tengan que esperarse 28 años

No hay nada que frene la libertad, el hambre, el deseo de justicia. Se pueden levantar muros de todas las formas, grosores o tamaños, pero estos al final caen, lo ha dicho nuestro premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa y lo que ocurrió aquel 9 de noviembre de 1989 le da la razón. Ese día concluyó finalmente la destrucción del muro de Berlín, 28 años después de su construcción humillante, férrea y opresora. Tenía alrededor de 45 kilómetros de largo y lo habían levantado los alemanes de la antigua RDA con el permiso de las exrepublicas sovi{eticas para evitar la huida de miles de no solo profesionales orientales hacia el lado occidental. Para muchos era el muro de la vergüenza, dividía Alemania en dos y era símbolo patente de la guerra fría. 

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